Tradición budista
Samatha
Cultivar la calma y la estabilidad
Prácticas orientadas a desarrollar una atención más estable y serena, a menudo usando la respiración como soporte.
Antonio Medina · Energía
El arte de estar presente.
No se trata de dejar la mente en blanco. Se trata de aprender a estar con vos mism@, momento a momento, hasta que la presencia forme parte de tu vida.

Mi camino con la meditación
Soy Francisco Antonio Medina, aunque casi todo el mundo me conoce como Antonio Medina. La meditación llegó a mi vida muy temprano y nunca se fue.
Empecé a practicar Hatha Yoga a los 16 años, en la calle Medrano, en el barrio de Almagro, en Buenos Aires. Ahí, dentro de la tradición del yoga y del Vedanta, descubrí que la meditación no era un añadido a la práctica, sino su corazón.
A los 24 años me hice miembro budista, primero dentro de una tradición del budismo japonés. Con el tiempo sentí la necesidad de conocer otras maneras de comprender y practicar la meditación, y esa curiosidad me llevó al budismo Zen y, más adelante, al budismo tibetano, especialmente a las enseñanzas vinculadas a la tradición del Dalái Lama.
Hatha Yoga en Almagro. Primer contacto con la meditación dentro del yoga y el Vedanta.
Me hago miembro budista, dentro de una tradición del budismo japonés.
Budismo Zen y sus métodos de meditación. Luego, budismo tibetano.
Sigo profundizando en estas prácticas y en sus maneras de entender la mente.
Distintas formaciones como instructor de meditación.
Instructor de Kundalini Yoga y discípulo directo de Sarabjit Kaur.
Cada tradición me enseñó algo distinto, y no las entiendo como si fueran lo mismo. Cada una tiene su lenguaje, su propósito y su manera de mirar. Lo que sí comparten, en mi experiencia, es una invitación a mirar con más atención y a vivir con más presencia.
Todo esto se sostiene en décadas de práctica personal, de formación y de enseñanza. No tengo todas las respuestas. Lo que puedo ofrecer es lo que la práctica me fue mostrando y el deseo de acompañar a otras personas en su propio camino.
Mi manera de entender la meditación
La presencia no termina cuando nos levantamos del cojín de meditación.

Muchas personas llegan a la meditación creyendo que tienen que dejar de pensar, controlar sus emociones o sentirse tranquilas desde el primer día. Cuando eso no pasa, creen que meditar no es para ellas.
Mi manera de enseñar parte de otra idea: la meditación es un aprendizaje progresivo. Primero aprendemos a relacionarnos con el cuerpo, a encontrar una postura estable, a permanecer en quietud y a reconocer la respiración. Después empezamos a observar la actividad mental: la atención, los pensamientos, las emociones y las distracciones.
No se trata de pelear con la mente, sino de conocerla y aprender a relacionarnos con ella de otra manera. La respiración es uno de los fundamentos de todo este camino.
Y la práctica cobra sentido cuando empieza a formar parte de la vida cotidiana: en las relaciones, en las decisiones, en lo que nos pasa cada día. Para mí, cualquier proceso profundo de transformación personal necesita alguna forma de presencia y de conciencia de un@ mism@.
Por eso la meditación no se reduce a estar sentad@. También se puede cultivar presencia:
El método: empezar por lo pequeño
Muchas personas empiezan intentando meditar veinte o treinta minutos al día, sin haber construido antes el hábito. Durante un tiempo lo sostienen gracias al entusiasmo del principio. Pero cuando llegan las dificultades, un cambio de rutina o un momento emocional complicado, la práctica suele quedar por el camino.
Mi propuesta es diferente. Empezamos con momentos muy breves, incluso de uno o dos minutos cuando hace falta. Aprendemos a sentarnos, a encontrar estabilidad, a permanecer en quietud y a observar la respiración, sin exigencias innecesarias.
El tiempo va creciendo poco a poco, respetando las posibilidades de cada persona. Lo que buscamos es una práctica sostenible y natural.
Una comparación sencillaAsí como no necesitamos una motivación extraordinaria para cepillarnos los dientes, podemos aprender a incorporar la meditación como un gesto cotidiano de cuidado y presencia.
Encontrar una postura cómoda, estable y consciente.
Aprender a permanecer sin reaccionar enseguida a cada impulso de moverse.
Desarrollar atención y familiaridad con el propio ritmo respiratorio.
Reconocer pensamientos, emociones y distracciones sin luchar contra ellos.
Llevar la presencia a las actividades, los vínculos y las experiencias de cada día.
Estas etapas son una orientación, no un protocolo rígido. Cada persona tiene su ritmo y a veces volvemos a una etapa anterior. Quedarse completamente inmóvil no es una obligación ni una prueba de éxito: cada un@ adapta la postura a sus posibilidades, en una silla, en un cojín o como le resulte cómodo.
Sentate cómod@, dejá que los hombros bajen y seguí el círculo con la respiración: inhalá mientras crece, exhalá mientras se recoge. Solo un minuto. Así se empieza.
Las diferentes formas de meditar
Hay distintas tradiciones, métodos y objetivos. Cada persona puede ir descubriendo qué práctica conecta mejor con el momento de vida en el que está.
Tradición budista
Cultivar la calma y la estabilidad
Prácticas orientadas a desarrollar una atención más estable y serena, a menudo usando la respiración como soporte.
Tradición budista
Aprender a observar
Cultivar la observación consciente de la experiencia del cuerpo y de la mente, reconociendo cómo cambia y cuáles son sus características.
Tradición budista
Cultivar la bondad amorosa
Una práctica para desarrollar benevolencia, amabilidad y buena voluntad hacia nosotr@s mism@s y hacia los demás.
Tradición budista
Reflexionar con conciencia
Explorar a propósito un tema o una enseñanza con una reflexión atenta y ordenada. Es un buen ejemplo de que no toda meditación consiste en dejar de pensar: aquí el pensamiento es la herramienta.
Budismo Zen
La práctica de sentarse
El Zazen, la meditación sentada del Zen, da mucha importancia a la postura, a la atención y a la experiencia directa de lo que está pasando ahora, sin buscar nada más.
Yoga y Vedanta
Cuerpo, respiración y conciencia
Las distintas tradiciones del Yoga exploran la relación entre la respiración, el cuerpo, la concentración y la conciencia, cada una con su propio enfoque.
Además, las tradiciones taoístas y otras corrientes contemplativas tienen sus propias prácticas de quietud y atención, y los enfoques contemporáneos y científicos estudian hoy la meditación desde otro lugar. Son caminos distintos: los presento por separado, con respeto por el origen de cada uno.
Actividades desde enero de 2027
A partir de enero de 2027 empezaremos un nuevo programa de actividades de meditación, con propuestas presenciales y online, tanto para quienes quieren empezar como para quienes ya tienen experiencia.
Inicio de actividades: enero de 2027

Un espacio de iniciación para aprender, paso a paso, las bases de la meditación: postura, quietud, respiración, atención y construcción del hábito. Pensado sobre todo para personas sin experiencia, y abierto a quien quiera volver a los fundamentos.
Formaciones para conocer y experimentar distintos enfoques, especialmente Samatha, Vipassana y Metta, con una introducción a la meditación analítica y a otras tradiciones. La idea es que cada participante encuentre la práctica adecuada para sí mism@.
Un día al mes dedicado a la quietud, la observación y la presencia. Con orientación, prácticas meditativas, pausas conscientes y acompañamiento.
Encuentros de introducción, prácticas guiadas y espacios abiertos para acercarse a la meditación sin compromiso económico.
Jornadas y espacios de práctica en grupo, para compartir la meditación en persona. Iremos anunciando las próximas convocatorias.
Las fechas, horarios, lugares y precios de cada actividad se comunicarán próximamente. Si querés que te avise, escribime por WhatsApp.
Inscripciones e información
No necesitás experiencia previa, conocimientos especiales ni cumplir expectativas. Solamente la disposición a descubrir, paso a paso, una manera más consciente de estar con vos mism@.
WhatsApp: +34 669 568 501
No hace falta comenzar meditando mucho. Hace falta comenzar, aprender y permitir que la práctica encuentre su lugar en nuestra vida.